5 años como SDET en Nueva Zelanda.


Volando sobre Welly
La llegada a Wellington es bastante épica

Hacía más de 5 años recibía un mail, mientras eran las 3 de la mañana en Argentina y yo cuidaba de mi recién parida Waifu y nuestro retoño, confirmando que había quedado para un puesto de Test Engineer en una empresa de Nueva Zelanda. Ellos me ofrecían lo que por aquel entonces se llamaba una Work to Residence Visa en la que eran mis sponsors para que me venga.

También nos pagaban pasajes, un mes de hotel y hacían de semejante transición algo más ameno. Imaginen lo que es hacer este cambio con una nena de 6 y un recién nacido!


Después de meses de preparativos, conmigo trabajando remoto y juntando dólar a dólar, con una inseguridad creciente en el barrio y los huevos en la garganta, llegó el día de subirnos al avión. En el medio pasó el casamiento (mientras laburaba y decía en una meeting que tenía que irme a casar), fiestas de despedida con toda la familia y amigos, juntadas por acá y por allá y atar cabos. También, como me gusta vivir al filo del peligro, rendí el examen práctico de manejo la misma mañana que tomábamos el vuelo. Ah! Y en el medio también rendí el iSTQb!


Los primeros meses

Cablecar en Welly
El icónico cablecar de Wellington

Los primeros meses fueron, como se imaginarán, de sorpresa, descubrimiento y aclimatarse. La gente en este país es extremadamente amistosa, al punto que muchas veces uno, latino al mango, tiene desconfianza de ese señor que viene a ayudarte a llevar tus bolsas o esa persona que se acerca a ver si necesitás direcciones.


También el hecho de pasar de la jungla de cemento de Buenos Aires a una geografía tan bellamente accidentada como es Wellington, con montes verdes, mar y playas imposibles, nos hacían parar a cada rato a mirar, sacar fotos, contemplar el cambio y suspirar.


El trabajo los primeros meses fue duro. Quizás los más duros desde que vine. Por varios factores. Uno fue que entré al peor cliente que te podía tocar, una entidad del gobierno bastante arcaica y con menos flexibilidad que yo bailando cumbia. El management no ayudaba, el nuevo idioma y su acento mucho tampoco… te sentís solo. Solo contra el mundo. Pero, como siempre digo “Tírenme a los lobos y voy a volver como el líder de la manada”. Y así fue.


Con un poco de elocuencia, expertise, sangre latina a veces para poner límites, fui dándome a conocer. La gente empezó a saber de mi, de lo que sabía y a pedir opinión, guía y mentoría. El management con el que arrancamos en muy malos términos terminó siendo una amistad que dura al día de hoy, los que no hablaban (también argentinos) por celos, envidia o vaya a saber qué empezaron a pedir ayuda… Estaba en mi salsa.


El ritmo de trabajo es diferente por estos lados. Es más lento, más relajado… lo cual puede ser bueno, pero también malo. Las cosas tardan en lograrse. Y también las novedades llegan más lento a un país tan chico y aislado. La tecnología era del año del jopo, las prácticas también…pero había voluntad de cambiar. Y esa fue mi puerta de entrada, la debilidad que le encontré a esa manada de lobos, para dar la estocada y afianzarme como una figura importante.


Hubo mucho estrés esos primeros meses, no les voy a mentir. Muchas veces de no saber qué catzo estaba haciendo o cómo hacerlo. Y uno, como el que viene con trabajo, carga con eso en soledad si no es lo suficientemente sabio de compartirlo con la pareja. En mi caso, soy medio salame y prefiero no preocupar y solucionar, pero muchas veces recurro a la Waifu porque ella tiene otra perspectiva que siempre ayuda. Tengan en cuenta eso si van a migrar: Necesitan una compañía de fierro. Yo la tuve.


El ascenso

La oficina en NZ
El nuevo mundo y el laburo

Ya afianzado, el boca en boca en Wellington se hace fácil. La ciudad es pequeña, las oportunidades muchas y ahí empieza el “Este pibe sabe, pegale una llamada“. Las ofertas empezaron a caer, la residencia se hizo oficial y eso me dio vía libre para trabajar como independiente. Ese era mi objetivo. Mientras, me puse a prueba capacitando con una Academia de Testing a los kiwis y expatriados de la empresa. Fue un exitazo. Al momento de irme (lamentablemente nadie tomó esa antorcha y siguió enseñando), tenía 50 alumnos aprendiendo Automation desde cero.


Acepté nuevas oportunidades, ya conociendo el mercado local, cómo se comunican, cómo se mueven y ahí empezó mi vida de consultor. Mi postura no es la de “buscar trabajo”, sino la de elegir a quién le doy el privilegio de ayudar con mis horas. Suena arrogante, pero esa postura está fundamentada y me facilita tomar decisiones laborales. Empezaron mis exigencias de flexibilidad, siempre aprobadas porque los objetivos se cumplían con creces y seguí creciendo.


La actualidad

Mi spot favorito
Oriental Bay y Monte Victoria

Al día de hoy me encuentro muy cómodo. Demasiado quizás. Le doy prioridad absoluta a oportunidades 100% remotas, ya de cara a comprar una casa pero siendo independiente de región (el interior de Nueva Zelanda es HERMOSO, pero no hay NADA de trabajo en sistemas). También apunto a vivir como Instructor de Udemy en unos 5, 10 años. De ahí que encuentren los cursos en esta web! Y de ahí que nació Free Range Testers, un norte profesional que me obliga a mantenerme actualizado, al tiempo que ayudo a nuevas generaciones de profesionales en sus caminos, para que no padezcan la soledad o incertidumbre que, quizás, pasé yo!


También es cierto que mi ritmo se fue acostumbrando al ritmo kiwi, siendo más pausado por momentos, pero acelerado en mis proyectos personales. Mi inglés mutó, hice nuevas amistades, me di cuenta que no porque los referentes del testing hablen en inglés tienen razón en lo que dicen, alguien que me conoció por acá me propuso hacer una compañía… en fin, los desafíos no paran de aparecer y de poner pimienta a la vida. Y por eso agradezco mil! A ustedes, que están del otro lado, a mis decisiones y personalidad por traerme acá, a la familia por ser un pilar y al testing por ser una disciplina capaz de entretenerme tanto como mi antigua vocación científica!


Y todo esto cambió en apenas 5 años… dónde se ven ustedes en 5 años?


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