- 22 de jun
3 hábitos de un tester exitoso
Hay testers con diez años de experiencia que siguen ejecutando los mismos pasos que el primer día. Y hay testers con dos años que ya piensan distinto, que ya se nota cuando hablan en una daily, que ya generan más confianza en el equipo. La diferencia casi nunca es cuánto saben de una herramienta puntual. Es un puñado de hábitos que se repiten todos los días hasta que se vuelven automáticos.
Estos son tres que veo una y otra vez en los testers que terminan destacando.
1. Salí a preguntar, aunque la pregunta no sea para tu equipo
Quedarte trabado con una duda durante horas no es paciencia, es ineficiencia disfrazada de esfuerzo. Si algo no te cierra, preguntá. Y si nadie en tu equipo tiene la respuesta, seguí preguntando para otro lado.
Muchas veces la respuesta que necesitás no está en QA. Está en el equipo de backend que diseñó esa API, en el de infraestructura que sabe por qué ese ambiente se comporta distinto a producción, en el de soporte que lleva meses lidiando con el mismo síntoma que vos recién estás viendo. Un tester que solo pregunta dentro de su propio equipo se queda con una vista parcial del sistema. Un tester que sale a buscar respuestas donde estén, construye una vista completa.
Esto también te pone en el radar de gente que de otra forma nunca te conocería. Y con el tiempo, esas conexiones cruzadas son las que te dan contexto que ningún documento te va a dar.
A mi me ha pasado y estoy seguro que a vos también, que sentís ese "miedo" a preguntar porque decís "no se supone que yo debería de saber esto?". O también "si no lo pregunté durante aquella reunión va a quedar como que no presté atención si lo pregunto recién ahora!".
Y si, puede que un poco pase. Pero es mil veces peor no preguntar para no "quemarte" y hacer un pésimo trabajo que se resolvía con una simple pregunta. Créeme, he hecho eso y te lo puedo decir.
2. Buscá incomodidad técnica todo el tiempo
Quedarte cómodo con una tecnología por más de un año es una señal de alarma, no de estabilidad. No importa cuán bien la domines: si dejaste de sentir esa fricción de no saber algo, dejaste de crecer.
Esto no significa saltar de herramienta en herramienta sin profundidad. Significa buscar de manera activa el próximo desafío: un lenguaje que no usás, una herramienta de automatización distinta a la que ya manejás de memoria, un dominio técnico que nunca tocaste (CI/CD, performance, seguridad, lo que sea). La industria cambia rápido, y el tester que se queda demasiado cómodo en lo mismo termina siendo reemplazable por cualquiera que aprenda esa misma cosa desde cero.
La incomodidad técnica constante es lo que te mantiene empleable a largo plazo. No el dominio de una sola herramienta, por más que hoy sea la que está de moda.
No te digo que hagas lo mismo, pero sabés que hacía yo? Proponía herramientas que no conocía para hacer pruebas piloto en los proyectos. Eso me obligaba a aprenderlas, implementarlas, explicarlas. No te puedo explicar todo lo que aprendí con eso.
3. Pensá como si el negocio fuera tuyo
Este es el hábito que más separa a un tester que ejecuta de uno que aporta criterio. Dejá de pensar solo en si el feature funciona como dice el ticket, y empezá a pensar en términos de negocio: ¿dónde está el riesgo real de perder usuarios? ¿Dónde se pierde plata si esto falla? ¿Qué tan fácil es de usar este sistema para alguien que no lo diseñó?
Identificá los eslabones débiles. Todo sistema tiene puntos donde, si algo se rompe, el daño es desproporcionado: un proceso de pago, una integración externa frágil, una validación que confía demasiado en el cliente. Y preguntate algo más incómodo todavía: si alguien quisiera romper esto a propósito, ¿por dónde entraría?
Pensar así te lleva a un entendimiento del sistema mucho más profundo que el de quien solo sigue casos de prueba. Te conecta directo con el primer hábito, porque cuando entendés el negocio, sabés exactamente a quién ir a preguntar cuando algo no te cierra. Y es, sin vueltas, el criterio que distingue a un tester que cualquiera puede reemplazar de uno que las empresas quieren retener.
Ninguno de estos tres hábitos requiere un curso, una certificación ni una herramienta nueva. Requieren la decisión diaria de no quedarte cómodo, de no quedarte callado, y de no quedarte mirando el sistema desde afuera como si no fuera tu problema.
¿Cuál de los tres te cuesta más mantener en el día a día?
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